Expedición Cerro Aconcagua 2017

El verano del 2017 será sencillamente inolvidable. En esos cortos meses tuve la dicha de alcanzar dos cumbres altamente complejas y simbólicas: el Olivares (6216 msnm), la más alta de la Región de Coquimbo, y el Aconcagua (6962 msnm), la más alta de América.

Lo del Aconcagua era un sueño. De esas cosas que uno mira de lejos y dice: algún día. No lo descartaba, pero mi cabeza estaba en otros proyectos de cerros locales.

De todas maneras la ambición existía, y Facebook delata mis intenciones en el 2013. En mi estado escribí: “Acongua 2017 – 2018, trabajando desde ya”. Desde entonces, cada cierto tiempo recordaba la idea con simpatía, pero no estaba en mi mente por estos tiempos tratar de llegar al techo de América.

¿VAMOS AL ACONCAGUA?

Un inesperado llamado fue el inicio de todo. Era Mauricio Urrea, un amigo de Santiago con vasta experiencia en montaña. Con él ya habíamos compartido las cumbres del Volcán Copiapó (6050 msnm) y el Quebrada Seca (4450 msnm).

El Mauro tenía en sus planes del verano del 2017 hacer una expedición al techo de América. Su llamada era para saber si me entusiasmaba la idea. Confieso que quedé sorprendido. Le dije que me parecía interesante, pero que me diera un par de días para responder. Tenía que estudiar los costos asociados, los tiempos, en fin, todo lo que significa asumir un desafío así.

Una extraña sensación me invadió entonces. Una mezcla de ansiedad, miedo, emoción, y tanta cosa más. Recordé entonces mis intenciones del 2013 de alcanzar la cumbre del Aconcagua durante el 2017 y todo encajó de repente.

Demoré 10 minutos en llamar de vuelta y decirle, en buen chileno: ¡Sabís qué hueón, vamos al Aconcagua no más!

Interpreté como una señal del destino (de los ovnis, o de lo que cada uno crea) la invitación. Los últimos años he dejado que mi vida fluya y me sorprenda, así que una vez me entregaba a las señales.

EN EL PUNTO MÁS ALTO DEL CONTINENTE

El jueves 2 de febrero nos sorprendió iniciando el camino hacia el primer campamento del Aconcagua. Una buena preparación durante enero me permitía llegar en buenas condiciones físicas y con una buena aclimatación tras alcanzar las cumbre de Las Tórtolas (6165 msnm) y el Olivares (6216 msnm).

Serían largos días de expedición, con mucho frío y un tiempo muy inestable los que seguiría a esa jornada. El buen ánimo y la buena salud compensarían la dureza de las condiciones y nos llevarían cada día más cerca del objetivo final.

El domingo 12 de febrero, iniciando la jornada a las 5 de la mañana y soportando temperaturas a ratos muy extremas, la montaña nos permitiría alcanzar la anhelada cumbre. Sellamos el logro con un fuerte abrazo en la cumbre y una emoción que me invade cada vez que recuerdo esos días.

El retorno a casa sería el broche de oro para una experiencia que marcó mi vida y me dejo profundas enseñanzas.

Cuando llegué de la expedición del Aconcagua no sólo me traje la cumbre conmigo. Gané también grandes amigos en la patrulla de Rescate, llegué con la convicción profunda de que los límites no existen cuando un logra poner el corazón, el cuerpo, la mente y el alma en una sola dirección.

Gracias Aconcagua por dejarme llegar hasta tu punto geográfico más alto. Pero, por sobre todo, gracias querido amigo Mauricio por darme la posibilidad de compartir este logro.

Acá podrán ver las mejores imágenes que pude captar en la expedición (Haz click sobre las fotos para agrandar).

 

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