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El 01 de enero del 2015 partimos a la travesía. Éramos un grupo de 4 amigos, de los que sólo 1 no había alcanzado la cima. Luis del Villar, que ya contaba con las conquistas del Aconcagua y el Ojos del Salado, venía a su revancha.

El 2012 había alcanzado por primera vez su cumbre. Fue mi primer 6 mil (cerro sobre 6 mil metros de altitud) y era un sueño que desde niño tuve en la cabeza.

Anhelo compartido con mi hermano, Marco Olivier, con quien tuve el placer y privilegio de abrazarnos en ese maravilloso lugar aquel entonces.

Las Tórtolas es un cerro duro. Sus 6165 msnm representan un desafío considerable, pero la belleza de sus paisajes y vistas, la riqueza de su historia, hacen que el frío, hambre, puna y cansancio, sean precios justos a pagar por conquistar su cumbre.

El 01 de enero del 2015 partimos a la travesía. Éramos un grupo de 4 amigos, de los que sólo 1 no había alcanzado la cima. Luis del Villar, que ya contaba con las conquistas del Aconcagua y el Ojos del Salado, venía a su revancha.

El resto del grupo, compuesto por Pedro Payope, gran amigo de Vicuña, y mi siempre fiel compañera de ruta: Margarita.

El cerro Las Tórtolas semi oculto por las nubes. Vista desde el campamento Escarchales.

Se Inicia la Aventura

Llegamos el primer día a los pies del cerro. A los 4000 msnm establecimos nuestro campamento base en el sector llamado «Escarchales».

Aprovechamos de comer bien, compartir y aclimatar un poco. Estábamos conscientes que no todos podríamos hacer lo mismo la segunda noche a los 5185 msnm.

Al otro día partimos en el amanecer hasta el segundo campamento. Calculamos que demoraríamos entre 6 a 8 horas, y anduvimos bien con el cálculo.

Sector Lagunitas (5185 msnm). A un costado se ubica el Refugio Andino Gabriela Mistral. A la derecha, asoma la cumbre de Las Tórtolas.

Tras el esfuerzo, llegamos al sector Lagunitas a 5185 msnm. Allí haríamos el segundo campamento, aprovechando el Refugio construido el 2007 por don Guillermo Hanshing Chen, un reconocido montañista de la región del cual tengo el orgullo de ser nieto.

Campos de penitentes en los alrededores del Refugio Andino Gabriela Mistral. Un buen lugar para abastecerse de agua.

La noche a esa altura no es para nada grata. En general cuesta dormir, el tiempo se hace eterno y suele haber un poco de dolor de cabeza y náuseas. No a todos les pasa, pero en mi caso sí lo sufrí, aunque muy controladamente.

Llegó el tercer día, el que intentaríamos alcanzar la cumbre y volver al campamento base para tener un buen dormir. Mil metros de desnivel nos separaban del objetivo final, y cada paso se hacía más y más pesado a medida que íbamos ganando altura.

Primeros rayos del sol sobre la cumbre. Margarita y Don Pedro observando el duro trayecto por delante.

A ello se agregaba el crudo frío del amanecer, que tiene su momento crítico desde que el sol empieza a salir en el horizonte hasta que logras que los rayos del sol te alcancen.

Superado eso, había que ponerle cabeza y harto corazón para que, luego de unas 8 horas, la totalidad del grupo alcanzara la cumbre de Las Tórtolas en una jornada muy emocionante en que el clima y la salud nos acompañaron.

 

Todos en la cumbre de Las Tórtolas junto a la madera dejada por las culturas antiguas que visitaron este lugar.

Fue una bajada larga, pero ya en la noche pudimos descansar en Escarchales a 4000 msnm, reponiendo algo de fuerzas para el otro día volver a nuestros hogares sanos y salvos, como siempre debe ser.

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